Neverland

Pues mi animo no ha sido el mejor en estos dos últimos días, el lunes temprano recibí una llamada de una ex y después de una charla amistosa – e intrascendente – me dejó toda la tarde sintiéndome torpe y solo, pensando en las oportunidades para ser feliz que uno desperdicia, que uno deja de lado cuando o decides mal o simplemente te asustas.

Me he pasado la tarde penando en momentos más felices y en lo insatisfecho que estoy con lo que he vivido en estos últimos años, con el poco desarrollo personal que he tenido ese tiempo, con las malas decisiones, los proyectos truncados, las apuestas que no valieron la pena, la reticencia al cambio. Realmente he sido un caso patológico estos años.

Quiero suponer, por que no me queda otra, que ahora estoy haciendo las cosas bien, que no he perdido aun la capacidad de sorprenderme y de ilusionarme con las cosas que hago, de creer en que las cosas pueden ir mejor y sacudirme del marasmo.

Música, pues siempre ha sido mi tierra del nunca jamás. Cuando era adolescente y soñaba refugiándome entre los delicados contrapuntos de sintetizador y guitarra del Trespass, a salvo de las cosas que no entendía y de las que no quería entender. Siempre fui un freak de esos que vivían refugiados en Galerías Brasil oyendo progre o hurgando entre las cosas de sus hermanos mayores, buscando discos nuevos, comprándolos. Esta mañana encontré un vinilo viejo, viejísimo, una versión del Ommadawn de Mike Oldfield que no ponía en una tornamesa desde que compré mi primer reproductor de CD, no hay placer más culposo que reencontrarse con un disco viejo como quien se encuentra con un viejo amigo y después del placer del inesperado redescubrimiento, de sentir una vez más las texturas que lo emocionaron años atrás. Caer en la cuenta de esos justos años, sentir la lejanía de esa arcadia irresponsable y feliz, de esos días en que el tiempo sólo existía para descubrir un disco nuevo, un libro. Para llegar al viernes en la tienda de Julio en Galerías Brasil y encerrarse con una única chela al caer la tarde, con el fondo de un disco de REM o de The House of Love (¿dónde andarán mis discos de ellos?) o de joderle la vida a los gordos de la entonces única tienda de progresivo de toda la galería (y creo que de todo lima) y regresar a la casa con un cassette grabado, con una compilación hecha al momento, con un fanzine o un libro prestado. Se suponía que ya habría tiempo para crecer mas adelante.

Leí por ahí, no recuerdo a quien, que cuando uno nota los años de un suceso recién puede valorarlo, pues la verdad estoy valorando esos días, no he dejado de ir a GB, aún cuando con el tiempo he tenido que estar lejos y cuando el tiempo del trabajo no me daba para nada que no fuera llegar a casa y dormir, cuando por fuerza llegué a leer cada menos y sin embargo seguí comprando discos…… y libros por si el tiempo llegaba alguna vez.

Comentarios

  1. Es ke el decir la conciencia del olvido, implica, no olvido, mas bien disfrazo ó refugio, i mean, olvido, destruccion de todor recuerdo doloroso by teniendo conciencia del daño ke kausa dicho recuerdo… sucede ke algunas problemas dejan de serlo cuando se los ubica, y esto parte de un extenso self-analisis. (mi modesta opinion)

  2. Yo escuche una vez “el que sufre siempre recuerda”… pero yo kreo ke es una realcion de doble implicancia, ergo hay que olvidar para dejar de sufrir.
    Enrique