aunque ahora cuido mucho de hablar de mi vida privada en el blog no he podido resistir la tentación de publicar otra foto de mi pequeño y peludo compañero.
Como notarán es un pequeño ejemplar de Shar Pei, un animalito dulce tierno y extremadamente inquieto – cosa que en realidad no luce demasiado en la foto – capaz de lo que sea por arrancar una ración más de comida para perro.
Por motivos que no explicaré he estado reflexionando sobre el vínculo entre fotógrafo y cámara, resulta que conversando con algunos saco en claro que no estoy loco, en realidad se forma un vínculo indisoluble, uno se vuelve extensión del otro, la cámara se vuelve extensión de la mano y el ojo y el fotográfo se siente definido por ella.
El tema de acostumbrarse a las particularidades mecánicas, el sonido del obturador, el grado de presión exacta para lograr enfoque o disparo, el tacto de la superficie, sea plástico, cuero o metal.
La experiencia del fotógrafo con la cámara es la de una mitad perdida y encontrada, detalles como un espejo fuera de sitio o un problema en el tambor de arrastre se vuelven tragedias de proporciones épicas, una cámara perdida puede ser llorada tanto como un familiar perdido.
Cuando entré a la sala lo hice con miedo de dos cosas:
a. dormirme, era tarde y estaba cansado.
b. quedarme despierto y sentir que uno de los personajes con los que más había disfrutado desde niño había sido violado sistemáticamente para exprimirle monedas.
Hace algunos años lei Flores para Rhio, una historia en la que el viejo Rhino se adquiría inteligencia solo para descubrir que la única manera de ser feliz era siendo tan tonto como era siempre, la premisa es simple. Pero el tratamiento de la historia es genial, abunda en mostrar el patetismo del viejo rhino, su busqueda de afecto, su incapacidad de comprender el mundo e incluso su rudimentario sentido del honor.
Un personaje tan primario que resulta imposible no sentir simpatía por él.
Y es que Rhino siempre fue uno de los personajes más poderosos del panteón del trepamuros, pero también el más tonto.
Spiderman ha pasado por muchas desgracias, Una de ellas One More Day, la saga donde hacen un retcon realmente criminal con la historia de un heroe que habia madurado estupendamente.
Pero también ha tenido grandes momentos, el más reciente es el reciente arco narrativo de Amazing Spider Man; The Gaunlet. Una historia que redefine la relación del arácnido con su entorno.
Referentes como Daily Bugle desaparecen, Betty Brant se convierte en blogera, Jameson se hace taciturno, Electro un heroe popular caido en desgracia y Rhino…. bueno, Rhino se convierte en un personaje de Eastwood.
La historía es simple (spoilers, resaltar para ver)
Peter se queda sin cita para año nuevo.
En Front Line, Ben Urich intenta convencerlo de convertirse en fotográfo a tiempo completo, pero Peter se resiste porqué estima a Jameson. Mientras es marcado con saliva por una reportera con una necesidad angustiosa de diazepam es bautizado como photomonkey residente y enviado a una fiesta en un casino a cubrir sociales.
En el ínterin, asistimos al nacimiento de un nuevo Rhino, más salvaje, más brutal y al parecer con algo más de inteligencia.
Mientras, en la fiesta Peter y Norah se encuentran con un conocido, Aleksei Sytsevich, el rhino original, como bouncer del casino.
Leí un par de post de hipersónica donde Natxo Sobrado comenta los 10 momentos de la música en donde quisiera haber estado. Yo, falto de creatividad imágino que sería una buena idea hacer una entrada similar y me mando asi que van debajo.
10. 9 de abril 1969. London’s Speakeasy club, debut de King Crimson.
Ese día King Crimson debutaba como leyenda ante un público atónito entre los que se encontraba el guitarrista de Yes. Peter Banks. Unos años más tarde Bill Brufford baterista de Yes se uniría a la banda de Robert Fripp
9. 16 de Mayo de 1966. Sale a la venta Pet sounds
La obra cumbre de los Beach Boys y uno de los mejores discos de la historia del rock, quisiera haber estado ahí para oír el disco de un tirón y asombrarme mucho más de lo que me asombre de adolescente cuando ya curtido por años de progresivo suponía que la experimentación ya no me asustaba.
8. Cualquier día de los años sesenta en el Fillmore de San Francisco.
Ya sea viendo a Pink Floyd, oyendo recitar poesia a Ginsberg, escuchando a Reed o lo que sea. Siempre soñe con el Fillmore.
7. Live 8, presentación de Pink Floyd.
Cuatro temas, cortisimos, la última aparición posible de la banda y entonces no lo sabiamos. Lo vi por tele, pero estar ahi debe haber sido absolutamente maravilloso.
6. Cualquier concierto de REM en la época del Murmur o Reckoning
REM es una de las bandas más maravillosas que aparecio en USA después de los setenta. Murmur y Reckoning son dos de sus mejores discos, cuando la banda era tremendamente eterea. Oir Talking about the passion o Time after Time en vivo en esos años debió ser una experiencia sobrecogedora.
5. Our World Primera transmisión televisiva y los Beatles tocan All you need is love
No hay mucho que decir, un momento sublime de la historía de las comunicaciones y una canción estupenda y significativa de la banda que partió en dos la historia del rock.
4. 9 de setiembre del 56 Elvis canta Love me tender en el programa de Ed Sullivan
Bueno, realmente canto algunas canciones más, pero Love me tender es uno de los temas más representativos de Elvis y una muestra que ese par de caderas demoníacas tenían un corazón entre pelvis y cuello.
3. Una noche de los ochentas en el Penta de Madrid.
Probablemente no hubieron demasiados conciertos ahi, pero la movida madrileña se gestó ahi y bueno… me resulta imposible pensar en ochentas sin Antonio Vega.
2. Woodstock.
Uno de los últimos momentos del sueño hippie y quizá el concierto más importante de la historia.
1. 30 de Enero de 1969, techo de las oficinas de Apple Records.
Nadie lo sabia entonces, pero esa fue la última presentación de los Beatles.
Cuando era niño veía mucha televisión.
Sobre todo dibujos animados – cosa que sigo haciendo, sin el mínimo asomo de culpa – ciencia ficción y documentales.
Recuerdo – bueno, lo averigüe después – que era fanático de Leiji Matsumoto. Su universo romántico pero al mismo tiempo árido y decadente me entusiasmaba tanto como Garfield la lasagna y el Capitán Raymar y Nave Espacial (los nombres con los que conocí a Harlock y Yamato) me atornillaban al televisor con una fuerza mayor a la que tendría ahora una participación peruana en el mundial de futbol.
De Harlock conseguí virtualmente todo, la serie original, las nuevas, los OST y algún muñeco. De Yamato me resultó difícil conseguir algo más que algún episodio suelto.
Recién ahora me entero que ha salido una película Live Action de la historia y ardo en deseo de verla, Para los nostálgicos – como yo – que se inquietaban con la terrible despedida de cada episodio (con el narrador mencionando cuantos día quedaban para la destrucción del planeta Tierra) el trailer seguro tendrá sabor a maná caído del cielo.
Cuando vi por primera vez a David Tennant emergiendo de las cenizas de Eccleston al final de la temporada 2005 de Dr. Who me pregunté si en realidad funcionaría.
Unos meses después Tennant era el doctor más popular desde Tom Baker, un año después comenzaba a ser considerado el mejor doctor en la historia de la serie.
Yo no me atrevo a decir eso, pero si tengo claro que Tom Baker era la quintaesencia del geek como era percibido entonces, excéntrico, demencial, disperso y definitivamente extraterrestre. Tennant es justo la imagen en la que la mayoría de geeks quieren verse hoy, inteligente, disperso, de mente veloz y definitivamente atractivo.
Tennant se metió al bolsillo a todos los fans de la serie, gracias a su carisma, a buenos guiones y al rotundo encanto de una serie que constituye – junto a Star Trek – las piezas más duraderas y confiables de la buena ciencia ficción televisiva. Ahora David se va y nos deja a un nuevo doctor, que pinta distinto – el nuevo productor de la serie tiene mucho que ver – pero que es un tema del que no nos ocuparemos hoy.
The End of time – parte dos – fue transmitido ayer, como una suerte de canto de cisne del equipo que trajo al doctor de regreso desde el largo hiato al que fue condenado después del reinado de Sylvester McCoy, y como una despedida larga, tensa y emocional al actor que ha compuesto al doctor más popular desde Tom Baker.
La historia es simple, Russell T. Davies compuso una historia donde los grandes acontecimientos cósmicos son resueltos – como siempre – gracias a la capacidad negociadora del doctor y donde finalmente su enorme amor por la vida es justamente lo que lo aleja de ella.
I dont wanna go, las últimas palabras de Tennant como el doctor son justamente el epitafio a la personalidad de un doctor que amaba la vida como nadie y que se fue justamente devolviéndola.
Adios David, Matt tiene unos zapatos enormes que llenar.