Cuando vi por primera vez a David Tennant emergiendo de las cenizas de Eccleston al final de la temporada 2005 de Dr. Who me pregunté si en realidad funcionaría.
Unos meses después Tennant era el doctor más popular desde Tom Baker, un año después comenzaba a ser considerado el mejor doctor en la historia de la serie.
Yo no me atrevo a decir eso, pero si tengo claro que Tom Baker era la quintaesencia del geek como era percibido entonces, excéntrico, demencial, disperso y definitivamente extraterrestre. Tennant es justo la imagen en la que la mayoría de geeks quieren verse hoy, inteligente, disperso, de mente veloz y definitivamente atractivo.
Tennant se metió al bolsillo a todos los fans de la serie, gracias a su carisma, a buenos guiones y al rotundo encanto de una serie que constituye – junto a Star Trek – las piezas más duraderas y confiables de la buena ciencia ficción televisiva. Ahora David se va y nos deja a un nuevo doctor, que pinta distinto – el nuevo productor de la serie tiene mucho que ver – pero que es un tema del que no nos ocuparemos hoy.
The End of time – parte dos – fue transmitido ayer, como una suerte de canto de cisne del equipo que trajo al doctor de regreso desde el largo hiato al que fue condenado después del reinado de Sylvester McCoy, y como una despedida larga, tensa y emocional al actor que ha compuesto al doctor más popular desde Tom Baker.
La historia es simple, Russell T. Davies compuso una historia donde los grandes acontecimientos cósmicos son resueltos – como siempre – gracias a la capacidad negociadora del doctor y donde finalmente su enorme amor por la vida es justamente lo que lo aleja de ella.
I dont wanna go, las últimas palabras de Tennant como el doctor son justamente el epitafio a la personalidad de un doctor que amaba la vida como nadie y que se fue justamente devolviéndola.
Adios David, Matt tiene unos zapatos enormes que llenar.







