Cuando entré a la sala lo hice con miedo de dos cosas:
a. dormirme, era tarde y estaba cansado.
b. quedarme despierto y sentir que uno de los personajes con los que más había disfrutado desde niño había sido violado sistemáticamente para exprimirle monedas.
Mis esperanzas eran, en resumen, pocas. Read the rest of this entry »







