Eloisa Lopez ha trasnformado su propuesta algunas veces, ha pasado por el pop delicadito e indie a lo Entrerios y por propuestas más electrónicas. No puedo definirla de otra manera que mencionar que me gusta y mucho, desde esa voz lánguida hasta la precisión de sus arreglos.
Curiosamente es posible descargar, gratuitamente, el último disco de Eloisa desde su página web – leete esto menossé - donde además se da a conocer más sobre otros aspectos del trabajo de esta Mendocina.
Cuando Riot Becky y Rosay abandonaron The Pipettes imaginé que el siguiente paso para la banda sería reemplazarlas y tratar de mantener el mismo estilo. Me equivoque, después de algunos cambios de personal The Pipettes se convirtieron en una banda de disco setentero con toques a los Abba que aunque no está mal tampoco es la banda de la que me enamoré hace tiempo.
Mientras Rosay está construyendo un disco pop que parece más que bien construido y que saldrá al mercado a fines de agosto Becky estaba metida en un proyecto llamado Electric Blue con los que grabó algunos demos bastante interesantes. Más allá de eso no supe demasiado de ella.
Pues hoy me entero que esta en otra banda, esta ya estable, llamada de Projectionist con los que está grabando algunos temas y dando algunos conciertos. ¿qué como suenan? pues tiene un sonido pop bastante delicado, con ciertos detalles que traen en mente a su banda original pero más cercanos a un sonido ochentero.
Creo que debo comenzar con algo de historia personal. Aproximadamente por el año 92 o 93 yo estaba convencido que el rock progresivo era un género tan muerto como Piérola y mi afición al género era alimentada mediante una paciente labor de recopilación de bandas clásicas, solistas y proyectos paralelos. Digamos que aprendiendo sobre la historia del género.
Por esos días solía pasear mucho por galerías Brasil – bueno, eso no ha cambiado demasiado y es ahí donde conseguí los primeros dos discos de bandas nuevas – es decir discos realmente progres editados en los noventa – que oí, The World de Pendragon y Rings of Earthly Light de Eris Pluvia.
Tengo una relación de amor odio con Pendragon – bueno, lo de amor es básicamente porqué oirlos me dió esperanza de nueva música – y Eris Pluvia me conmovió terriblemente. Read the rest of this entry »
Lima es valsera, antes que nada.
Es difícil no haber crecido en esta ciudad sin haberse familiarizado con el requinto de un buen vals criollo o por lo menos no conocer el significado de la palabra jarana.
Ahora, como toda ciudad moderna, la tradición retrocede hasta refugiarse en algunos ghettos. Con el criollo limeño no pasa distinto, Los Centros Sociales Musicales, ubicados en los barrios más populares son algunas de las formas más populares de resistencia.
La gente de Sayariy decidieron seguir el ejemplo que dejó Ry Cooder hace años con los Buena Vista Social Club cubanos y reunió a la vieja guardia de esos CSM para sacar algunos discos, imperdibles todos, para todos los que tenemos clarísimo que el criollismo no ha muerto y que felizmente no se limita a lo que se le pueda ocurrir a Polo Campos.
Una de las primeras canciones que recuerdo de mi infancia es justamente The Dancing Bear de los Mamas and the Papas. Rodaba por casa en un 45 de esos que habitaban el mueble del tornamesa desde antes que naciera y que terminaron desgastándose bajo una aguja por culpa de un niño extremadamente pegado a la canción.
y es curioso que deba el conocer un poco más a Matt and Kim a Santos, un buen amigo con el cual suelo discrepar terriblemente en cuanto a nuestros gustos musicales.
Este dúo hace una especie de dance pop muy luminoso y sin más pretensión que entretener, hasta donde puedo opinar una opción tremendamente válida.
Leí un par de post de hipersónica donde Natxo Sobrado comenta los 10 momentos de la música en donde quisiera haber estado. Yo, falto de creatividad imágino que sería una buena idea hacer una entrada similar y me mando asi que van debajo.
10. 9 de abril 1969. London’s Speakeasy club, debut de King Crimson.
Ese día King Crimson debutaba como leyenda ante un público atónito entre los que se encontraba el guitarrista de Yes. Peter Banks. Unos años más tarde Bill Brufford baterista de Yes se uniría a la banda de Robert Fripp
9. 16 de Mayo de 1966. Sale a la venta Pet sounds
La obra cumbre de los Beach Boys y uno de los mejores discos de la historia del rock, quisiera haber estado ahí para oír el disco de un tirón y asombrarme mucho más de lo que me asombre de adolescente cuando ya curtido por años de progresivo suponía que la experimentación ya no me asustaba.
8. Cualquier día de los años sesenta en el Fillmore de San Francisco.
Ya sea viendo a Pink Floyd, oyendo recitar poesia a Ginsberg, escuchando a Reed o lo que sea. Siempre soñe con el Fillmore.
7. Live 8, presentación de Pink Floyd.
Cuatro temas, cortisimos, la última aparición posible de la banda y entonces no lo sabiamos. Lo vi por tele, pero estar ahi debe haber sido absolutamente maravilloso.
6. Cualquier concierto de REM en la época del Murmur o Reckoning
REM es una de las bandas más maravillosas que aparecio en USA después de los setenta. Murmur y Reckoning son dos de sus mejores discos, cuando la banda era tremendamente eterea. Oir Talking about the passion o Time after Time en vivo en esos años debió ser una experiencia sobrecogedora.
5. Our World Primera transmisión televisiva y los Beatles tocan All you need is love
No hay mucho que decir, un momento sublime de la historía de las comunicaciones y una canción estupenda y significativa de la banda que partió en dos la historia del rock.
4. 9 de setiembre del 56 Elvis canta Love me tender en el programa de Ed Sullivan
Bueno, realmente canto algunas canciones más, pero Love me tender es uno de los temas más representativos de Elvis y una muestra que ese par de caderas demoníacas tenían un corazón entre pelvis y cuello.
3. Una noche de los ochentas en el Penta de Madrid.
Probablemente no hubieron demasiados conciertos ahi, pero la movida madrileña se gestó ahi y bueno… me resulta imposible pensar en ochentas sin Antonio Vega.
2. Woodstock.
Uno de los últimos momentos del sueño hippie y quizá el concierto más importante de la historia.
1. 30 de Enero de 1969, techo de las oficinas de Apple Records.
Nadie lo sabia entonces, pero esa fue la última presentación de los Beatles.
Una de las cosas que admiraba de Chesnutt era la manera como había logrado un lenguaje que le permitia hacer invisibles sus problemas. Invalido desde los 18 años, gracias a un accidente de auto, Chesnutt vivia pegado a una silla de ruedas desde la cual desgranaba composiciones frágiles pero poderosas que nos dejaban – al menos a mi – la impresión de alguien con un lenguaje que no solo escapaba a sus limitaciones, las usaba para construir su voz.
Chenutt tenía una voz delicada, un registro corto, una tecnica sencilla pero eso le bastaba para el estilo que había elegido, un folk refinado, cercano al americana de Marissa Nadier y tributario de los devaneos folk de la etapa IRS de REM (de los que era casi vecino) que incluso estuvieron involucrados – bueno, Stipe lo estuvo – en el lanzamiento de sus dos primeros discos.
Tenia una voz delicada y una técnica singular para la guitarra, bastaban un par de notas y alguna silaba para capturar mi atención y hacerme notar la tremenda sensibilidad detrás de ese hombre disminuido y golpeado pero sin embargo grande que cantaba en algún lado del sur norteamericano.
Chenutt estaba agobiado por las deudas y el dolor, una sobredosis de relajantes musculares termino llevándoselo el día de navidad, un hombre fuerte que finalmente eligió irse a seguir malgastando esperanza.
Hoy fue un día triste, muy triste y además se nos fue Vic.
Su voz tiene la propiedad de enervar cada uno de mis encallecidos nervios, su música es demasiado desprolija para ajustarse a mis preferencias.
Sin embargo estoy convencido que este sujeto es un compositor genial, e incluso un performer bastante dotado y que esa rusticidad en el sonido es justamente parte de su propuesta y que denota cierta honestidad y una visión realmente autárquica del music business.
Pero entonces le das una mirada al documental The Devil and Daniel Johnston y te encuentras con un hombre frágil e inmensamente infantil que es capaz de construir piezas desgarradores sobre un mundo que transita entre la placidez infantil y el dolor adulto. Después regresas – como fue mi caso – a las grabaciones, deliberadamente lo-fi y tratas de adaptarte un poquito.
Lamentablemente no puedo. Demasiado caos.
Sin embargo, existen los covers y es aquí donde puedo apreciar el verdadero genio de Daniel Johnston, diversas bandas a lo largo del tiempo han versionado con diversa suerte a este señor y es justo a travez de estas miradas diversas que es posible acercar su obra a gustos que probablemente no estén habituados al crudo sonido de sus demos. Este señor tiene tantos covers que podría pensarse que podría vivir cómodamente de los royalties en lugar de los réditos morales de haber dado pie a un culto en torno a sus problemas mentales.
Pero probablemente en manos del sistema hubiera perdido su encanto, esa ingenuidad que hace que canciones dedicadas a gasparín sean conmovedoras o que durante veinte años haya seguido componiendo canciones a una mujer que hace mucho ya había hecho su vida. Quiza esa misma condición de outsider – el hombre niño aislado, bipolar y tímido, en contraposición a otras figuras con problemas para asumir la adultez, como Michael Jackson – es lo que lo protege, tanto a él como su mirada y le permite componer discos que permanecen dentro del catalogo de must have de mucha gente alrededor del mundo y que yo, acostumbrado a otras mieles, no oiré, salvo gracias a músicos aficionados a él que finalmente lo versionarán, lo digerirán previamente de manera que yo pueda tolerarlo.
Aquí uno de mis versiones favoritos, que justo cierra una de las pelis más bellas que haya visto.
Debo comenzar diciendo que soy fan de Marillion y que estoy convencido de – a pesar del brillo nostálgico del legado de los años en que Fish comandaba la banda – la importancia de Steve Hogarth como frontman y voz de la banda, una importancia construida sobre decisiones arriesgadas, sobre composiciones bien elegidas pero también sobre la sabiduria para salir del bache creativo a finales de la década de los noventa.
Hogarth es un cantante harto más dotado – aunque le duela a mucha gente – que el gigante escocés aunque compositivamente no alcance la calidad lírica que suele ser el punto fuerte del otrora vocalista de la banda. Sin embargo bajo su dirección Marillion se convirtió en algo más parejo, en algo más organico, con la partida de Fish se evito que cuatro músicos bastante creativos se convirtieran en la banda de acompañamiento de un frontman carismático, inteligente pero excesivo.
Marillion, como banda, jamás le ha huido al pop. Durante los años ochenta, con Fish como vocalista soltaron algunas joyas pop delicadamente construidas y con cierto punche, Lavender, Kayleigh, Sugar Mice e Incommunicado son temas que escapan del paradigma progresivo para entrar al de carne de radioemisora, piezas bien construidas, pegadizas y dueñas de estribillos memorables. Con la llegada de Hogarth – llegado de Europeans y casi arrebatado a los The The – un acercamiento a la formula radial era perfectamente posible y Season’s End, en su posición de disco de transición entre el sonido original de la banda y el que impondría el nuevo vocalista mantiene la formula de poseer piezas potencialmente radiables, pero esta situación se vuelve más notoria con el disco posterior, Holidays in Eden – que incluye una versión, indistinguible de la original, de Dry Land. Un tema de la anterior Banda de Hogarth; How We Live – que sin embargo es bastante equilibrado y se pierde un tanto con los dos siguientes discos, Brave y Afraid of Sunlight y regresa después y se mantiene hasta el día de hoy, bajo la forma de un par de temas capaces de sonar en radio por disco.