Tintin, el secreto del unicornio
Soy un fan recalcitrante de los cómics, lo cual significa – entre otras cosas – que estoy bastante familiarizado con el personaje de Hergé. Pero también significa que tengo cierto temor ante cualquier adaptación al cine de algún personaje querido, pues el riesgo de producir un mamotreto en color es terrible, ante la necesidad de recuperar la inversión en efectos especiales y repartos estelares. Es tal vez por esto que recibí con cierto recelo la noticia que Spielberg – ese mismo que filmó la muy fallida cuarta parte de Indiana Jones pero tambien las monumentales tres películas previas- estaba en la tarea de filmar a un personaje que estaba marcadamente emparentado con el arqueólogo que le robó la novia a David Summers.
La trama de la película es – spoilers fuera – de una precisión de relojería, al mismo tiempo que cuenta el primer encuentro de Haddock con Tintin nos presenta a algunos otros personajes sin condescendencia, sin presuponer que el espectador los ignora por completo – un buen ejemplo está presente cuando Sakharine pregunta al vendedor del parque por el joven que acaba de comprar una maqueta y recibe un “es Tintin, todos lo conocen” como un primer guiño al espectador ante un personaje que es conocido y amado en Europa pero injustamente desconocido en otras partes del mundo.
¿Es este tratamiento convincente? Lo es totalmente, tener en cuenta que dentro del proyecto no solamente está uno de los directores más solventes de la historia del cine de aventuras también Steve Moffat, famoso por Doctor Who, Sherlock, Jeckyl y algunas joyitas más.
En realidad si habían preocupaciones estaban más cercanas a la técnica de captura de movimiento que a aspectos meramente creativos y se nota que desde la muy creepy Expreso Polar la técnica ha avanzado muchísimo, al punto que se siente natural y no molesta en absoluto, quizá este sea el camino para alargar la vida de sagas como Indiana Jones ahora que Harrison Ford está más cerca de un geriátrico que de salir de aventuras. Quizá haya llegado a un punto de convergencia entre las técnicas que proponen Spielberg y Cameron y el futuro del cine de acción esté en usar a los actores como base y dejar que lo digital cargue con el peso de todo lo demás.
Pero volviendo a Tintin, estamos ante una adaptación de los volúmenes 11 y 12 de las aventuras del periodista belga; el Secreto del Unicornio y el Tesoro de Rackham el Rojo. La película introduce algunos elementos de otros volúmenes y prescinde de otros con cierta libertad y mucho criterio. Detalles como el tono general, más cercano a la película de aventuras clásica, se advierten con gratitud.
No es una película perfecta, dista de serlo, pero es una adaptación inteligente y más que digna para un personaje dificil por parte de un equipo creativo que se ha acercado al material con mucho cariño y respeto – cosa que también está presente en otra película de estreno reciente; Los Muppets – y muchas veces esos elementos bastan para lograr algo interesante, súmales mucho talento y un buen material de donde partir y tendrás algo que se parece mucho a esta visión de Tintin.

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