Pasteurizando al pastor

Pastor ha pasado por el ministerio con peores resultados aun que Olivera, y es posible que lo haya despojado de toda la dignidad que le quedaba, Su partida ha sido humillante, pero no inmerecida.
Aurelio Pastor es un político relativamente joven.
Sin escarbar demasiado y solo haciendo uso de la memoria no tengo recuerdo de él anterior al gobierno de Toledo, pero es a partir de este en que su persona comienza a ser más notoria, en parte por pertenecer al partido de gobierno pero tambien por una mala leche galopante y una torpeza fuera de toda discusión.
Aurelio Pastor ha demostrado siempre un desparpajo de proporciones imperiales en cada momento que ha podido. Para muestra basta un botón, recordemos la entrevista en que – junto a esa otra joyita apellidada Alcorta – demostraron a Rosa Maria Palacios por que aquellos que creen que el parlamente debe ser cerrado tienen algo de razón.
Si lo terminaron de ver, veanlo nuevamente, noten como el aludido estructura un argumento realmente brillante – El dinero de los impuestos una vez incorporado al estado, deja de pertenecer a los ciudadanos – para justificar el no dar cuentas.
Realmente una mente jurídica de profundidad tan inconmensurable debía terminar en la fiscalía de la nación o mejor aún, ¡de ministro de justicia! y bueno… pues no se podía dejar pasar a una persona capaz de un comportamiento tan recto e inquebrantable, un autentico esclavo de sus palabras.
y bueno…
finalmente lo dejaron escapar….
Pero ¿por qué?
Simplemente por un broadcaster indultado por unos días para permitirle la fuga, en un intento de reproducir la jugada de canal 5, jugada tan arriesgada que una vez desbaratada más que disiparse la explosión arriesga buena parte del frágil entramado político peruano y de paso la aun más frágil credibilidad de nuestro mofletudo presidente.
Ahora…
Pensemos, tenemos un presidente desesperado por resolver un problema ocasionado por un indulto tan ilegal como vulgarmente descarado – claro, es justo esta cualidad la que define al segundo gobierno aprista, lo vulgarmente descarado – que además es tan grande que puede comprometer gravemente la imagen del aludido presidente cachetón.
¿Cual es la solución?
La primera es lavarse las manos: “he sido sorprendido”
(traducción: Pastor, este problema es tuyo y de tu gente, mira bien lo que haces y lo que me haces hacer)
La segunda es borrar la causa del problema
(traducción: tanto joden con el indulto, lo anulo pues, total el ministro tiene la culpa por cojudo)
La tercera es borrar al tonto útil que puso el pecho, el Mantilla de turno
(traducción: Chau pastor, regresa a tu curul, antes que la deje sin efecto)
Ahora claro, borrar al tonto útil – es decir a esa preclara mente capaz de defender un entuerto tan grande usando como argumentos las conductas de personas que a estas alturas ya están muertas – y pretender que no solo ha sido tonto sino proactivo y borralo de manera ejemplar, para que aprenda.
Borrarlo retroactivamente, de ser posible, dejar sin efecto el nombramiento, despedirlo, patearlochotearlobotarlo, como si asi el tiempo pudiera hacer marcha atras y limpiar el desaguisado. Pero eso, estimado cachetón, es algo que solamente puede hacer Emmett Brown y dudo que te quiera enseñar.

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