Cuando comencé a oir música en serio uno de los primeros epítetos descalificadores que conocí fué Neo Prog en boca de un amigo que había vivido algunos años en argentina y que a pesar de haberse reasentado en Lima hacía muchos años no había logrado desprenderse del dejo platens.
- Costumbre y los viajes, él decía.
- Alienado y huevón, le deciamos.
Pero al final siempre terminabamos riendonos y oyendo música y conversando de la vida, el universo y lo demás.
Volviendo al tema, Neo Prog era un adjetivo descalificativo que solía aplicarse – en estricto sentido – a todo aquél progre que habiendose producido después de la edad de oro – lease inicios de los setenta – se alejaba del sonido canónico del género para acercarse a una propuesta más roquero o popera – de acuerdo al lector – y que podía usar como referente el sonido del Genesis de Phil Collins posterior a a la partida de Hackett e incluso el Camel de los últimos setenta y primeros ochenta .
Aunque claro, el término tambien se aplicaba – al reves que la postmodernidad de Eco – a todo aquello que disgustará al oyente de turno.
Es decir, no era bonito que le dijeran Neo Prog a la banda que estabas oyendo.
Claro que entonces eras adolescente y los adolescentes son víctimas de un fundamentalismo galopante que afortunadamente se disipa con los años.
En esos años lo normal era considerar a Marillion Neo Prog, como tambien a IQ, It Bites y Pendragon. Existian otras bandas emparentadas, pero ni yo ni mi grupo de amigos las conociamos, la mayor parte de nosotros teniamos una cierta fascinación con Marillion – que yo mantengo hasta el día de hoy – que nos hacía incluso obviar la etiqueta y llamarlos “progre” sin más, sin el “neo” descalificativo antes. Pero con IQ, qué al final es el objetivo de esta parrafada, pasaba que antes de conocer sus primeros discos – con Pete Nicholls – habíamos tenido que soplarnos el Nonzamo, con otro vocalista y un estilo bastante pegado al pop, un disco que – a pesar de ser perfectamente respetable – entonces nos pareció realmente hediondo.
IQ era para nosotros el epitome del Neo Prog, representaba todo lo que ese género era, nuestro rechazo al género era comparable al que algunos metaleros sienten por el Nü Metal, y dentro de este mix de sensaciones – a las que se les sumaba ser fans de un género en extinción, de sabernos un anacronismo musical – IQ – y Collins, no piensen que me olvido de Collins – era una de las victimas más recurrentes de nuestra rabia.
El asunto es que el tiempo pasó, terminamos la secundaria, crecimos, el Neo se fué haciendo menos repelente, Marillion se fue alejando del género – en ese momento lo odiamos, pero llegó el Brave y nos cogieron a bofetadas por incredulos – Pete Nicholls regreso a IQ y editaron el Ever, un disco prolijo y bien logrado. No, realmente un gran disco. Entonces nos fuimos dando cuenta que el Neo no es tan malo.
Pasó el tiempo y en realidad IQ ha logrado una carrera sorprendentemente parejo – Subterranea me parece un disco extraordinario y Dark Matter me parece que no está tan alejado de ese nivel de calidad.
Pero algo que suelen tener los discos de IQ es inmediatez, te enganchan de inmediato. Cosa rara para una banda que desde su retorno en los noventa se ha caracterizado por un nivel de complejidad mayor.
Ahora, Frecuency es el nombre del disco de este año de IQ. Debo admitir que a primera oida me parecio malo, tan malo como el futbol peruano. Le dí un par de oidas más al disco y no mejoró la cosa.
Disco malo, pensé, debe ser el agotamiento creativo.
En principio oírlo me hizo pensar en todos los demás discos de IQ, sonaba casi igual, no encontraba evolución ni cambio ni nada por el estilo – cosa que si encuentro por ejemplo en Marillon – solo la misma banda sonando a la misma banda de los últimos diez años.
Pero un momento, ¿qué podía haber cambiado para que una banda que había hecho eso sistemáticamente durante la última década pasara de hacer un buen disco a hacer uno malo?
Pues la complejidad musical estaba ahí. Se mantenía, las ideas no parecian haber cambiado, seguían pareciendose a Genesis, los teclados habían pasado a ser algo más elaborados, las guitarras algo más duras, pero realmente sonaba a la misma banda.
Entonces dejé de lado el disco, hasta hace un par de días.
Es cierto, a diferencia de otros disco de la banda, Frecuency necesita un tiempo para ser apreciado, no por su dificultad sino para percibir sus virtudes. El cambio de tecladista expande de manera perceptible el vocabulario de la banda, aunque en este disco apenas se noten chispazos de lo que puede aportar. Las canciones, regreso a la estructura pre dark matter regresan al sonido IQ clásico, es decir partes vocales largas, duetos entre la sección rítmica y teclados, solos de teclados, basta para oir el primer tema de Frecuency para oir un compendio de todos los elementos estilisticos de la banda, no es un mal tema, pero en realidad no ofrece nada nuevo, salvo chispazos de algunas variaciones en el sonido.
¿Con los demás temas pasa lo mismo? si, un poco de novedad y mucho de IQ clásico.
Si eres un fan recalcitrante de IQ el disco te encantará, pero si eres sensible a la idea de una banda que se repite probablemente el disco te deje algo indiferente. Digamos que es un recomendado con reservas.
Juzguen por ustedes mismos

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Totalmente de acuerdo, este no es un disco de novedades y como dices el tecladista no aporta mucho, algo natural cuando se cambia de integrante en una banda.
Me gustó mucho tu previa historia sobre en neo-prog, je super entretenida.
Un abrazo y sigue con tus acertados comentarios
Fran
Tus comentarios son brillantes. A mí me sucedió lo mismo al escuchar Frequency por primera vez. Inevitablemente lo comparamos con los álbumes anteriores y ciertamente no posee la misma calidad compositiva e instrumental y es comprensible después de tantos años de carrera. Pero con el tiempo y alejado de la excitación inicial que conlleva un nuevo disco, escuchando con mayor atención y apreciando detalladamente cada canción, en mi opinión es un buen disco; más aún teniendo en cuenta el nivel de la mayoría de la música actual… tan mediocre, decadente y pasajera. El rock progresivo o lo que queda de él es un género maravilloso que por fortuna algunos de nosotros seguimos disfrutando y que lamentablemente no tiene lugar en la mentes mediocres de cada nueva generación.
Mis felicitaciones!
Joss.