Cosmos: El viaje comienza de nuevo.

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Una de las cosas que más recuerdo de mi infancia es que mi hermano y yo nos sentábamos frente al televisor a ver Cosmos. Eramos niños y no entendíamos la mitad de las palabras de Carl Sagan. Pero teníamos clara una cosa, una sola cosa que después definió nuestras vidas futuras; queríamos saber que significaba eso.

Cosmos fue uno de los factores que disparó nuestra curiosidad cuando eramos pequeños y fue también el  que disparó mi entusiasmo por la ciencia. Gracias a ese documental de Sagan, pasé buena parte de mi infancia devorando cuanto volumen  de ciencia cayera en mis manos,gracias a que mis padres fueron hábiles y me orientaron a volúmenes de divulgación y revistas de ciencia divulgativa que podía entender. A pesar de todo ese esfuerzo, en algún momento descubrí que las letras me gustaban más que la ciencia y me fui por ese camino.

Pero Cosmos y esa temprana curiosidad científica me enseñaron algo vital; la vida inteligente es imposible sin curiosidad y sin capacidad de duda.

Muchos años después de esa primera serie, un grupo de gente con amor a la ciencia y al recuerdo del buen Carl decidió que era hora de hacer zarpar una vez más la nave de la imaginación. Esta vez en un mundo más polarizado, en un panorama donde la religión ha intentado tomar el mundo por asalto y condenar a la ciencia como hicieron con Bruno o Galileo y con una ciencia que ha perdido la capacidad de acercarse a la gente, convertida en algo absolutamente extraño para el común de los mortales.

Sagan lleva varios años muerto y  Neil DeGrasse Tyson ocupa su lugar como narrador y con mucha inteligencia prefiere no tratar de llenar el espacio del creador de la serie sino dejar claro que es alguien que fue inspirado por él. Este primer episodio de Cosmos cierra con un estupendo y conmovedor toque a la nostalgia de quienes vimos la primera generación de la serie y nos deja con una sonrisa y esperanza, aunque  esta nueva encarnación de Cosmos tiene una misión difícil; Encender la chispa de la curiosidad y la duda en una generación que tiene muchas otras cosas en que complacerse.

Alas y buen viento Neil, todos deseamos que ganes esa batalla.

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