Nostalgía de los ocho bits: mi Amstrad cpc464
Cuando tenía 11 años llegó a casa una caja, en realidad 2, con un par de objetos que me acompañaron durante muchos años, que me convirtieron en el fanático de la tecnología que soy ahora y que mimaron mi curiosidad hasta que comenzaron a pulular por casa computadoras basadas en Intel (en esa época se les llamaba Compatibles IBM) recuerdo que había una suerte de guerra santa en el colegio entre quienes tenían Atari, Spectrum, Commodore (envidiados por todos) y los poseedores de Amstrad (en una suerte de ghetto por que eramos poquísimos) para decidir cual de todas estas máquinas era la mejor, qué el sonido de las Spectrum era una caca, que la Commodore tenía un color pobrísimo, que la Amstrad no tenía nada de soporte aquí… era otra época… pero ahora que lo pienso era más divertida.
En esa época no existía internet – hago esta precisión solo por qué sé que alguno se hará esa pregunta – y conseguir juegos y software para mi Amstrad se reducía a incursiones esporádicas a Pentatronic, una agencia de viajes que quedaba en la quinta cuadra de República de Chile y que vendían copias piratas de juegos para CPC 464 y 6128, ¿por qué? supongo que usarían esas máquinas en la oficina, por que también vendían impresoras Seikosha y fabricaban los cables que adaptaban la salida paralela a centronics, no recuerdo si vendían joysticks, pero tenían incluso las portadas de los diskettes de 3″ (distintos a los 3 1/2″) y cassettes impresas en color. con unos colores oscuros y lineas rojizas y blancas simulando una matriz de coordenadas y el título del juego impreso, en ocasiones te daban una copia del manual.
Era un ritual ir, mi hermano menor y yo caminábamos hasta ahí, con 10 o 15 dolares en el bolsillo (una fortuna para un par de escolares durante el primer gobierno de Alan) y nos pasábamos un buen rato eligiendo de un catálogo, sin siquiera probar el juego antes – los juegos se demoraban un montón en cargar, recuerden que usaban cintas de las comunes – y contando con la paciencia de la chica de la tienda.
De ahí regresar a casa y probar el juego, las veces que no cargaba – el temido read error b – regresábamos y lo cambiábamos, a veces nos decían que el juego necesitaba mantenimiento – que era realmente volverlo a grabar… ahora que lo pienso, no tenía demasiado sentido.
Pero era lo que había y por entonces la felicidad se encontraba en una cajita de cassette con la marca pentatronic, y la aprovechamos todo lo que pudimos.
Claro, después llegaron las ventanitas y las manzanitas y nada fue igual.

The Nostalgía de los ocho bits: mi Amstrad cpc464 by Invazor C!!!, unless otherwise expressly stated, is licensed under a Creative Commons Attribution-Noncommercial-No Derivative Works 3.0 Unported License.









Yo recuerdo haber hecho una incursion en Sears de Plaza San Miguel si no mal recuerdo y en una de esas tiendas haber utilizado una creo,porque yo era algo peque y solo conocia las Ataris y el detalle que me llamo poderosamente la atencion era que tenia reproductor de cassete y mientras jugaba la cinta se reproducia…es un recuerdo vago que tengo en la mente pero fijo.
Yo tuve una Sinclair ZX 81, de 1 K de memoria, expandible a 16 K. Para cargar un juego, el cassette demoraba unos 15 minutos, y debias ajustar los agudos al maximo. Si no se grababa, debias volver a empezar.
yo imprimía banners para todos mis amiguitos con el “print master” en la Commodore 64 de mi hermano.
Yo recuerdo que aún no nacía.