Hace poco mas de una semana he recuperado un libro que presté casi al poco tiempo de comprarlo.
Sherlock Holmes de Baker Stret forma parte de un lote de libros de editorial Valdemar que encargue cuando dirigía las importaciones de una cadena de librerías local, huelga hablar de la linea o calidad de Valdemar, pero si cabe mencionar que salvo algunos títulos puntuales, los libros de ese sello se vendían con mucha dificultad, al menos en ese tiempo, y terminaban en la caja de remates al tiempo.
Siempre admiré a Holmes, con preeminencia sobre la figura de Arhur Conan Doyle, me resultaba mas fácil creer en la existencia, pretérita o no, de un detective formidable que era capaz de resolver un caso capaz de poner en jaque a la policía británica a puro golpe de intelecto, que creer que era una invención, una mera entelequia. Creer lo primero le ofrecía el aliciente de lo maravilloso a mi mundo, lo segundo me obligaba a suponer que así como Holmes; Jhon Carter, Gordon, Quatermain, Nemo, Saknussemm y otros héroes de mi niñez no existían.
Es cierto, con el tiempo, esa fantasía se evapora, llegué a la adolescencia clarificado sobre la persona Doyle y con el tiempo, mi interés se extendió a otras creaciones del autor. Pero sin embargo jamás olvidé esa fascinación infantil sobre ese larguirucho y distante detective, capaz de los razonamientos mas elaborados a partir de detalles mínimos.
Abro el libro recién recuperado y recuerdo la sensación que tuve cuando supe de su existencia, una biografia ficcionada, basado en los relatos de Doyle y en los fanfics que se han hecho desde hace muchos años.
No cuento mucho del libro, salvo que me ha devuelto la fascinación sobre un personaje que acompañó mis tardes de niño y que estoy releyéndolo y disfrutándolo, con la certeza,a estas alturas del partido , que no volveré a prestarlo
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