Diciembre 15th, 2005 | |
Posted in Personal
Anoche encontré una caja con algunos cassettes, alguno de ellos eran copias de vinilos que me prestaban o que migraba de formato en la esperanza de alargar la vida del LP, otros eran compilaciones que me preparaba un viejo amigo cada vez que visitaba su casa, un autentico santuario musical donde me sumergía por horas y aprendía a diferenciar el canterbury del sympho-prog.
Anoche revisando mi biblioteca encontré una novela de Nick Hornby, Alta Fidelidad. Un autentico canto de amor a la música y a todo lo que trae consigo, la amistad entre sujetos distintos en todo aspecto, de opiniones divergentes en todo, probables enemigos en otros campos, pero capaces de emocionarse al limite cuando esa canción comienza a sonar.
Estaba sentado limpiando una de esas cintas, cosas que uno hace cuando no tiene mucho que hacer, tratando de recordar el ritual que acompañaba cada una. El complicado proceso que se iniciaba desde el momento de elegir una cinta, evitar las cintas Samsumg o Pionner para preferir solo las Maxell o Sony (siempre que no fueran las azulitas) y esas de preferencia cromadas, para toda la música que valiera la pena y las grabaciones desde LP de esas rarezas que solo se conseguían siendo amigo del amigo de alguien que los tuviera.
Internet le quito todo el romanticismo al asunto. Ya nadie rebobina una cinta con el bolígrafo para evitar gastar la pila, no es necesario escoger las canciones con cuidado por que el tiempo de rebobinar las cintas y de grabar hace el proceso de una compilación una larga chamba que solo se hacía, gratis, por alguien especial. Por que cada cinta se convertid en una manera de expresar lo que querías decir con palabras y no podías y alguien lo había dicho ya por ti, Entonces, solo lo juntabas y listo.
Hacías esas cintas por amistad, por amor, por lo que sea y esperabas que duraran, por lo menos lo que duraba la amistad o la relación. Recuerdo haber quemado tardes completas buscando canciones, cuadrando las cintas con la mayor precisión posible y escribiendo las etiquetas con la mejor letra que se podía, eran regalos baratos, pero tenían un significado enorme, las dabas con el corazón en la mano, por que lo habías puesto en la selección de cada canción y los recibías con esa extraña sensación de quien descubre algo nuevo y no sabe si le gustará.
Esas compilaciones estrecharon lazos de amistad durante toda mi adolescencia, me sirvieron para expandir mi universo musical y como un modo especial de flirtear. Los CDS se llevaron parte de ese romanticismo, el preparar un compilado ya no es un ritual largo y trabajoso como lo era antes, ahora una compilación esta lista en veinte minutos mientras buscas las canciones en el AMAROK y las quemas en el K3B, siguen siendo especiales, aun me fascina recibirlas y aun me encanta prepararlas para alguna persona especial, pero ese trabajo extra (ese que hacia que te cobraran muchísimo mas por un compilado que por una simple copia en Galerías Brasil) le daba un toque mágico, los convertía en un regalo especial, en algo que le dabas sólo a quien considerabas un igual, alguien iniciado en el amor a la música y a través de ella.
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